¡Miradle bien, es Dios mismo!
Así comienza la hora
en que Dios, hecho un chiquillo
tan fácil de que le quieran,
viene a darse y redimirnos.
Desde ahora, lo profano
no es profano, que es divino.
La plenitud de los tiempos
da a su fin en este Hijo
de María Inmaculada
y con Él encuentra sentido
cada nueva Navidad.
¡Miradle bien, es Dios mismo!
lo profano no es profano.
Tan divino es el camino
que no hay gozo comparable
al de mirar a este Niño
y ver que refleja el Cielo
y que nada está reñido
con su querer. ¡Con que ganas
viene a cumplir su destino!
Carmelo Guillén Acosta

No hay comentarios:
Publicar un comentario